Desromantizando la música

Las películas, internet y los medios nos han hecho creer que la fama llega solo con talento y que hay personas que nacieron para brillar. Pero pocas veces escuchamos las historias detrás del éxito: las horas de trabajo, los fracasos, las puertas cerradas y todo el esfuerzo necesario para llegar lejos. La realidad es mucho más dura de lo que la gente se imagina o quiere escuchar.

Mi teoría es que esto se debe a que no encaja con el sueño que muchos persiguen: convertirse en una estrella de la noche a la mañana. La idea de ser descubierto por una disquera o en redes sociales y ganar miles de seguidores solo por talento suena a un camino fácil y atractivo. Pero esta visión está más relacionada con lo que nos vende Hollywood que con la realidad de la industria. De hecho, ni siquiera estoy segura de que esto haya existido alguna vez.

¿Significa esto que la música es un sueño imposible? No necesariamente. La música puede ser un trabajo como cualquier otro, con sus obstáculos y desafíos (a veces más grandes si no hay espacios establecidos en el mercado). Lo que sí es seguro es que no es un trabajo fácil: requiere tiempo, concentración y recursos.

Hace tiempo vengo pensando en la idea de “desromantizar la música”, de hablar sobre lo que realmente implica entrar en la industria y el esfuerzo que se necesita para mantenerse en ella. Porque, para ser francos, es un mundo hermoso pero extremadamente duro. No sé si se debe a que la música es un campo emocional o a la falta de una industria sólida en el país. Admito que, en algunas ocasiones, he considerado lo cómodo que sería tener un trabajo de oficina sin la montaña rusa de incertidumbre que implica este camino. Pero al final, me quedo. Mis amigos se quedan. Sabemos a qué nos enfrentamos, pero hay algo en esta industria que es increíblemente atractivo, casi adictivo.

Poco a poco, muchos hemos tenido que desromantizarnos y poner los pies en la tierra, porque deconstruir la idea perfecta que teníamos de la música es lo que realmente nos permitirá construir una carrera y desarrollar la industria.

Algunas de las las creencias más comunes:

1. “Para triunfar, hay que ser talentoso”

Tener talento es bueno, pero lo que muchos llaman talento es, en realidad, años de práctica, prueba y error. Cualquier habilidad puede ser aprendida, y no es necesario ser el mejor para empezar. En los años que llevo en esta industria, he visto que la consistencia y la capacidad de construir buenas relaciones de trabajo son mucho más importantes que el talento.

Todos hemos comenzado desde cero y hemos progresado poco a poco. En algún punto, es normal ser considerados “no talentosos”. Lo importante es presentarse, tomar oportunidades, crear y mantener relaciones, aprender el oficio y equivocarse. Y aquí hago énfasis en la importancia de equivocarse. Mi lado perfeccionista ha luchado con esto y sigue en proceso de aprendizaje, pero fallar es clave. Me gusta llamarlo “jugar”: probar cosas diferentes, ver qué funciona y qué no. Esto me ha llevado a recibir críticas más de una vez, pero al final, todo ha sido por aprender y no por malas intenciones.

2. “Alguien me va a descubrir en internet y me dará un contrato”

Antes, las disqueras tenían cazatalentos que buscaban nuevos artistas en bares y conciertos en vivo. ¿Esto significaba una oportunidad real de firmar con una disquera? Tal vez. ¿Significaba que todas las bandas que tocaban conseguían un contrato? No. De hecho, la mayoría ni siquiera tenía la oportunidad de ser escuchada.

Hoy, los artistas pueden desarrollar sus carreras sin depender de una disquera, y el enfoque se ha trasladado a internet. Vemos a miles de personas ganar seguidores por viajar, comer, comprar cosas o tocar música. Creemos que basta con subir videos para que los seguidores lleguen solos. Nada más lejos de la realidad.

Mantener una presencia en redes es un trabajo que requiere esfuerzo. Aunque algunas personas lo manejan con más naturalidad que otras, se necesita una estrategia para lograr crecimiento e interacción constante. Sí, esto puede llevar a oportunidades laborales, pero no siempre, y no necesariamente con el contrato que esperabas. Al final, las redes sociales son solo una parte de lo que las disqueras consideran al momento de firmar a un artista. Es mejor trabajar en construir una comunidad real que depender de ser “descubierto” en internet.

3. “La música no es un negocio”

Esta es, quizás, la creencia más controversial. Hablemos primero del significado de negocio, porque muchas veces se malinterpreta como “venderse” o perder autenticidad. Según la RAE, negocio es una “actividad comercial en la que se persigue un beneficio económico”. Entonces, ¿la música es un negocio?

Depende de lo que quieras hacer con ella. Si solo buscas crear y compartir música sin esperar nada a cambio, entonces la música no es un negocio para ti. Pero si esperas generar ingresos con tu trabajo, es hora de empezar a verla como un negocio.

Las personas que trabajamos en la industria a tiempo completo tenemos cuentas que pagar, por lo que necesitamos una retribución económica. Que nos paguen por algo que amamos hacer es un privilegio. Siempre he creído que quienes logran vivir de su pasión son afortunados, porque no trabajan solo por obligación, sino por disfrute. Que te paguen por hacer música no le quita valor al arte; simplemente significa que quieres vivir de ello.

Si la música es un negocio, entonces necesita una estructura. Todas las empresas tienen equipos de trabajo con funciones específicas, y lo mismo sucede con los artistas que trabajan con disqueras. El desafío es para los artistas independientes, que muchas veces tienen que desempeñar múltiples roles por su cuenta, lo que puede hacer que su trabajo no parezca un negocio formal y genere pocos ingresos.

Organizarse con una estructura clara puede hacer que un proyecto sea económicamente sostenible. No es imposible, pero requiere mucho esfuerzo. Y aquí está el punto clave de desromantizar la música: empezar a tratarla como un trabajo real para que se convierta en un negocio sostenible.

Y vuelto a repetir…

Esto no significa que la música no sea un camino viable. Lo es, pero solo si entiendes el trabajo que hay detrás. Ser músico es un trabajo a tiempo completo. No se trata solo de hacer canciones, sino de tener una estructura de trabajo. Desromantizar la música significa aceptar que no hay atajos ni trucos. Habrá momentos buenos y otros no tanto, pero si sigues adelante, poco a poco el esfuerzo dará frutos.

Foto por Cottonbro Studio en Pexels

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